lunes 4 de enero de 2010

Dana estaba sentada frente a la ventana. Seguía con sus ojos la danza en una pequeña semilla de diente de león, que no tardó mucho en desaparecer. Así le hubiera gustado que pasara con el desasociego que la estaba carcomiendo hace un poco más de 15 días. No sólo le dolia el pecho; no sólo de manera muscular. Sentía un peso en ellos que se extendía hasta su abdomen. Un dolor de esos que no matan, pero que le hacían saber que ahí estaba con un sutil calor. Se había equivocado muchas veces. Y esta pareció no haber sido la excepción. Cierra los ojos.

Dana se vió en un callejón oscuro, con mucha neblina. El callejón no le era ajeno. Abrió una puerta que desde hace muchos años le había llamado la atención. La lucesita que se colaba por entre esa puerta siempre la había percibido; quizás por haberse sentido un poco perdida, la encontró más brillante que de costumbre. Estaban todas las posibilidades para recorrerla. Lo hizo. Ya era tarde para dar marcha atrás. Cuando se dió a la tarea de observar dónde se había metido, se dió cuenta que en ella existía un afecto por los materiales de los que estaba hecho cada elemento que en la habitación reposaba. Pasaban los días y el afecto continuaba (y así sería para siempre), pero no le había gustado estar ahí. Dana no podía creer lo que estaba descubriendo en esa habitación: cada material tenía un qué valiosísimo, pero era un desperdició el cómo habia sido diseñada.

Ahora, estar perdida, perdía importancia ante la incertidumbre de su condición. Abre los ojos.

miércoles 9 de diciembre de 2009

Soplido

Cómo no desear hacer escala en tu cuerpo y pretender como destino tu alma.

viernes 27 de noviembre de 2009

Fractal

Se rompió. Diminutas particulas de mí caen errantes sobre el espacio vacío. Unas nadan, otras caminan, otras vuelan. Débiles, pero ahí van. Se van alejando en el tiempo del punto de quiebre. Aunque lento, cuanto más avanzan, menos posibilidades de volverlo a encontrar.

martes 24 de noviembre de 2009

Caleidoscopio

Miraba hacia cualquier punto de su posible horizonte y veía baches moviéndose, como cuando encontró en una tela, un roto que se habia comenzado a destejer. Todo se nublaba y sintió miedo de no volver a ver el tejido de la realidad como siempre lo habia mirado. Cruzó por su cabeza (e incluso intuyó) la posibilidad de que, después del golpe en la cabeza, ese caleidoscopio de luz que comenzaba a llenar su horizonte, se pareciera más a la vida que todo lo percibido durante su existencia .

miércoles 3 de junio de 2009

Orgullo

En el camino, los pasos de la sombra recorren los parajes mas recognitos de la memoria, recordando, pensando, analizando y sintiendo como todo se puede venir abajo por un mal entendido.

jueves 19 de febrero de 2009

Loop

No eran blancas ni transparentes. Eran más bien pardas, cobrizas, ensortijándose en sí mismas, atestando la cueva, multiplicándose como virus. No era común verlas emerger ahí. Es más fácil saberlas arrastrándose sobre la arena del desierto. Ella había caído en el pantano, cuando aún no lo era. El agua cristalina le recibió y de repente un burbujeo cálido desde las profundidades desató la angustia. Había pensado que era más sencillo andar sobre el camino central y ancho; sus compañeros de viaje no le siguieron y avanzaron por el camino estrecho, pegando sus rostros y sus cuerpos sobre la pared babosa ¿Quién iba a preveer que el camino se encogería en la mitad del trayecto anulando la posibilidad de llegar a su incierto destino?

Todos eran fichas de monopolio. Después de recorrer el juego, el punto de partida se convirtió en la cueva, y ahora todo sucedía. Una sola mano en medio de las tantas existentes, una mano sin rostro se extendió para socorrerle, y logró salir. Una cárcel les esperaba al otro lado. Ninguno entró. Estaba cerrada. Pero ella, se acercó a los barrotes y un ser sin forma, le enseñó un juguete: la abeja aterciopelada a rayas verdes y negras. Todos salíeron. Ella quedó perpleja con la situación, pero atendió el llamado. Una luz blanca, invadió el espacio al salir de ahí.

miércoles 18 de febrero de 2009

Otra vez tú

La noche en algún puerto de una ciudad costera - o quizás de una isla - nos sorprendió. En la víspera, marea alta pero tranquila. En nuestra reunión, marea baja y movimiento . A pesar de los rodeos y de mi intento de evitarlo, una vez más, sucumbí a tus labios. Te besé y volví a sentir la unidad, la vida.